sábado, 11 de febrero de 2012

Soy idiota

Sí, habéis leído bien, soy idiota. pero no de esas idiotas simpáticas y tal, no, soy una idiota integral. Quizá os de igual el porque, quizá penséis sí, decididamente esta chica es estúpida y os diré que estáis en lo cierto.
Esta tarde me he "peleado" con una amiga. La conocí en la universidad y es la mejor persona que he visto en mi corta vida. Me ha ayudado muchísimo, me escucha, y eso no lo sabe hacer cualquiera, me respeta tal como soy, y lo más importante, ha sabido ver aquello bueno que hay en mí. Yo siempre he pensado que era un caso perdido, un cero a la izquierda, que no valía para nada, que era estúpida y un tanto retrasada, sin embargo, ella consiguió ver más allá de mis prejuicios, vio luz en mi pozo de oscuridad. Ella lo sabe todo de mí, ya sea porqué se lo he explicado o porque simplemente lo intuye, porque sí, tiene una intuición infalible, os lo juro que a veces me da miedo y todo. Sabe que estoy pensando en cada momento, sabe que necesito en cada instante, y eso no me había pasado nunca.
He pasado noches enteras hablando con ella, explicándole pensamientos y recuerdos, le expliqué cosas que jamás le había contado a alguien, y ella, en su momento, cuando se sintió segura también abrió su corazón. Nunca para de sorprenderme, siempre me sale con una historia nueva, nos reímos juntas, y aunque a veces me toma el pelo, me encanta estar con ella, sin miedo a hacer algo que no le agrade, porque con ella ya no hay secretos, no hay prejuicios ni vergüenza. 
Pero claro, tenía que salir la Laia estúpida, esa que solo sabe hacer daño a la gente, esa que se hundió en la miseria sola, esa que se ha enfadado con su amiga. Esta tarde hemos estado hablando, como siempre, y yo me he puesto cabezona para que me dijera una cosa, ella no ha querido, y debería haberla dejado en paz, pero no, yo he seguido insistiendo, y lo más sorprendente es que no ha sido ella quien se ha enfadado por mi pesadez sino yo porque no ha querido explicármelo. Se, perfectamente, que si ella no quiere decirme algo no lo hará hasta que se sienta segura, y yo hoy lo enviado todo al traste recriminándole que nunca me explica las cosas, pero tal como ella me ha dicho "estás siendo injusta" y lleva toda la razón, estaba siendo la más injusta del mundo, estaba siendo una niña estúpida, la he cagado, lo se.
Y ahora, como idiota que soy he estado llorando durante un buen rato, porque no quiero perder a la persona más maravillosa de este mundo, no puedo dejarla escapar ahora que el destino me la enviado, quizá me digáis que soy un poquito lerda, pero muchas veces la veo como mi ángel de la guarda, un ángel de luz que ha venido a salvarme de las entrañas de la oscuridad.
Tan solo quiero que me perdone, que perdone todas las veces que le haga daño porque no es mi intención, que me perdone cuando me comporte como una estúpida, porque la necesito a mi lado y me la quiero muchísimo, más que a mi propia vida.
Simplemente lo siento.

  Laia

miércoles, 8 de febrero de 2012

Reencuentro

Caminaba por la calle vestida con unos sencillos tejanos, una camisa de cuadros negros y blancos por encima de una camiseta de tirantes blancas, unas gafas de sol de montura blanca y un sombrero negro. Sus pasos la llevaban hacia una casa que conocía muy bien, de paredes blanquecinas y grandes ventanales. Iba sonriendo, consciente que hacia por lo menos cinco años que me había ido de mi tierra, de mi pueblo, lo había dejado todo atrás para recorrerse el mundo entero, y ahora volvía con la esperanza de que mi amiga no se hubiese olvidado de mí.
Llegó a la puerta de la casa y picó con decisión en el timbre. Una voz chillona le contestó
- ¿Si?
- Hola Teresa.- dije yo sonriendo al oír la voz de la madre de mi amiga.- ¿está Cristina?
- Oh, no, Cristina hace un año que se marchó de casa.- dijo ella.- ¿quien la busca?- preguntó, pero ya me había ido hacia mi coche sonriendo.
Sabía perfectamente donde se había ido, pasamos una vez por delante, era una casa a las afueras de Barcelona. La recuerdo medio en ruinas, con las malas hierbas rodeando las pocas paredes que quedaban en pie, pero ella veía más allá, se la imaginaba reconstruida, con absolutamente todos los detalles. En media hora me planté delante de la casa, pero me sorprendí al ver que aquellas ruinas que vi hace muchos años seguía igual o peor de como lo recordaba.
Volví al coche y me senté un tanto decepcionada. Cogí el móvil y llamé a mi amiga, en principio quería que mi visita fuese una sorpresa, pero las circunstancias no me dejaban otra opción.
- ¿Diga?- contestó Cristina
- Hola.- dije yo con una sonrisa en mis labios, hacia tanto tiempo que no escuchaba su voz
- ¡Laia!.- exclamó ella con sorpresa.- ¿Dónde estas? ¿Sigues recorriendo mundo?- me preguntó esta vez con escepticismo
- -no.- dije yo a mi vez, un tanto tosca.- he vuelto, pero quizás no quieras verme.- el silencio se apoderó de la conversación hasta que ella cedió y me dio su dirección.
Me dirigí hacía allí, pensando en que ella tenía toda la razón en estar resentida conmigo, es cierto que cuando acabé la carrera de Periodismo me fui sin dejar rastro, me cambié el número de móvil, incluso en cada nuevo sitio que visitaba me hacía llamar de una manera diferente. Había vuelto a casa, ¿Por nostalgia? ¿Por arrepentimiento? No lo se, pero necesitaba verla, saber que había sido de su vida y ¿Por que no? explicarle la mía.
Por fin llegué, aparqué delante de un bloque de pisos relativamente nuevo, piqué al sexto y Cristina me abrió sin ni tan solo preguntar quien era. Me monté en el ascensor, con espacio para por lo menos siete personas, llegué en menos de lo que dura un suspiro a la planta correspondiente y entré por la puerta que estaba medio abierta. En su interior me encontré un pequeño piso decorado con sencillez , en una mesa de color madera estaba Cristina sentada tomándose un café y leyendo un libro que parecía haberse usado más de una vez.
- Siéntate.- tienes muchas cosas que explicarme

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lunes, 6 de febrero de 2012

Pintando estrellas

Una noche de invierno, de esas en que se te hielan hasta los pensamientos, me acordé de ti. Recordaba las pocas veces que te dije lo mucho que me importabas, lo mucho que te queria. Recordé aquellas tardes en que me cuidabas y me arropabas como una hija más. A veces me pregunto si te acuerdas de mí, si allí donde estas me ves. ¿Crees que lo estoy haciendo bien? A veces me pregunto si no deberia haberte mostrado mi cariño más veces, el destino me robó la oportunidad de darte un último abrazo. Me complaze pensar que te fuiste en paz, se que sufriste, no por ti, ni por tu dolor, sinó por los que nos quedabamos aquí. Recuerdo que lloré, lloré porque te perdí en un momento demasiado oscuro de mi vida. Me gustaria saber si me escuchas cada vez que pienso en ti, si me proteges o mejor dicho, si nos proteges a todos, tal y como hacias siempre. Te hecho de menos, y a veces me sorprendo soñando que vuelves a estar a nuestro lado, para animarnos y cuidarnos. En esta noche tan fria, miro al cielo. No creo en Dios, pero se que te has ido a un mundo mejor que este. Quizá seas una de las tantas estrellas que veo en este invierno tan oscuro. Todos te queriamos, y lo seguimos haciendo. Alzo la mano, intentando, no se si tocarte o acercarme un poco más a ti. Se que nunca te expresé con palabras lo mucho que te queria, pero ya sabes como soy, no me gusta mostrar lo que siento. Saco del bolsillo de la chaqueta un boli y lo apunto al cielo, y me imagino que pinto las estrellas, que te dibujo un mundo bonito, aquel que te mereces. Quizá ya lo sepas o quizá no puedas escucharme, pero des de aquí, sigo pensando en ti abuela.

domingo, 5 de febrero de 2012

Ángel de la noche II


Cuando parecía que su paso por el Reino de la Oscuridad estaba a punto de completarse, Laura sintió como la presencia que había estado sintiendo des de hacia unos meses se hacía más y más fuerte a cada minuto que pasaba. Le daba miedo, pues podía notar la luz y la paz que derrochaba aquel extraño ser. Hasta que un día se le apareció en medio de una de sus búsquedas.  Era un ángel, pero a diferencia de ella, sus alas eran blancas como la nieve y su luz era imparable, Laura se quedó paralizada en el suelo observando la belleza de aquel extraño ser, no podía verle las facciones exactas de la cara, pero podía intuir una enorme sonrisa.
- Hola.- dijo el ángel acercándose ligeramente
- ¡No te acerques!.- gritó Laura alejándose a su vez, intentando enderezarse, pero la luz que emanaba de aquel ser la mantenía contra el suelo
- ¿Me tienes miedo?.- preguntó el ángel
- No.- mintió ella, que sentía verdadero pavor por aquella luz tan extraña, que poco a poco se iba apoderando de su corazón marchito.- ¿Qué quieres de mí?
- Tan solo conocerte.- dijo con voz melosa.- no voy a hacerte daño
La luz empezó a bajar de intensidad y Laura pudo volver a ponerse en pie. Observaba a aquel ángel des de lejos, sabía que los ángeles blancos existían, pero también sabía que nunca se acercaban al reino de la oscuridad. Su mente trabajaba a una velocidad de vértigo para comprender la presencia de aquel ser en sus dominios, hasta que comprendió que la Laura del mundo real debía haber conocido a la persona que representaba aquel ángel.
- Volveremos a vernos.- dijo el ángel blanco mientras se desvanecía en la noche eterna de la oscuridad
Laura se quedó allí impresionada por lo que acababa de ver, aquella luz le había hecho volver a la memoria sentimientos, recuerdos y sensaciones que había dejado de sentir hace mucho tiempo, su presencia la trastornaba, pero por otro lado aquel momento de bienestar era demasiado fuerte como para obviarlo, así que decidió esperar a que el ángel volviese a buscarla, necesitaba saber qué demonios había pasado en el mundo real.
Los días pasaron y Laura se había recluido en sus pensamientos, sus ojos habían cambiado, la oscuridad que antes imperaba en ellos empezaba a desvanecerse dejando ver una pequeña luz, quizá secuelas de su encuentro con el ángel, era la luz de la intriga, de la impaciencia, la luz de todos aquellos que esperan algo con ansias. Cansada de esperar sentada, decidió salir en busca de aquella aparición, aunque sabía que solo volverían a encontrarse si el ángel lo deseaba, pero no podía permanecer ni un solo segundo más en el mismo sitio.
Al fin, cuando volaba por las llanuras lo volvió a ver, esta vez, la luz cegadora había desaparecido y podía apreciar en toda su totalidad a aquella aparición. Era una mujer de cabellos negros, vestida de blanco, con unas enormes alas también blancas que contrastaban con la oscuridad permanente de su reino. Aterrizó a su lado con cuidado y se sentó en una piedra cercana, observando la tranquilidad de su expresión, la paz interior que derrochaba.
- ¿Cómo te llamas?.- preguntó Laura con un hilo de voz
- Maitane.- dijo el ángel sonriendo dulcemente, su voz, a diferencia de la suya, emanaba seguridad y simpatía.- Tú eres Laura ¿verdad?.- ella movió la cabeza afirmativamente y esperó a que ella siguiera.-  Debes dejar la oscuridad
Ella se rió fuertemente sarcástica, ¿lo había oído bien? ¿Dejar la oscuridad? Aquel ángel no estaba dentro de sus cabales.
- Se que piensas que es una locura.- dijo.- pero también sé que la luz sigue viva en ti
- Y que te hace pensar eso.- saltó Laura a la defensiva.- no me ves las alas.- dijo señalándoselas.- soy sirvienta de la muerte, soy un ángel de la noche, la luz no me interesa
- Entonces.- atacó Maitane.- ¿Por qué sigues buscando tu alma perdida?.- Laura se quedo callada sorprendida por no encontrar una respuesta lógica a sus actos
Había ido a parar al reino de la oscuridad mientras intentaba reconstruir los pedacitos de alma que habían ido a parar allí, pero, aunque sabía que jamás los encontraría, seguía son su búsqueda a ciegas. 

El soroll de les ànimes perdudes II


Una nit, allotjats en el poble de Quicena, molt a prop d’Osca en Manel i jo fèiem guàrdia a la vora del foc. Ja feia mes de un més que havíem marxat a ajudar a Aragó i pel camí ens havíem endut tantes vides que ja ni ens en recordàvem. Pensant en això em vaig adonar que en veritat tots plegats érem com petites màquines de matar, que totes juntes formaven un gran monstre que sembrava la fatalitat. Si tornava els ulls enrere i repassava el meu camí, veia una gran taca de sang, sang d’un altre ésser humà amb el mateix dret de viure que jo. Però estàvem en guerra, i en una guerra no et pots parar a pensar si el que estàs fent es bo o dolent, en el camp de batalla corres per salvar al vida, perquè saps que si en algun moment et pares moriràs, i si arribes a perdre saps que el càstig serà pitjor que la mort. Sumida en els meus pensaments no havia sentit la pregunta que em va fer en Manel, que me la va repetir
- Creus que estaran be a casa?.- li vaig somriure i el vaig encoratjar. En Manel era dos anys mes petit que jo, amb prou feines havia acomplert els disset, era normal que es preguntés allò. Anava a dir un altre cosa quan el vaig fer callar. Havia sentit una remor de veus estranya, uns passos entre l’herba, unes botes que trencaven una branca. Ens estaven envoltant.
- Manel.- li vaig dir al meu cosí en un xiuxiueig gairebé imperceptible.- avisa al general Villalba perquè posi la tropa en marxa, ens estan envoltant, però sobre tot digues-li que ho faci amb el màxim silenci possible.
El noi va sortir corrents cap a la tenda del general i jo em vaig quedar on era amb la escopeta a mà ven carregada. Els passos cada cop eren mes a prop, però després de poc més de cinc minuts d’haver enviat en Manel a avisar als altres, tots estàvem en formació. El general es va posar al meu costat amb un fusell i un gran ganivet penjant del cinturó. El vaig mirar, tot i la seva avançada edat es mantenia en forma i àgil, en batalla era realment temible, a mi no m’agradaria tenir-lo com a enemic.
La primera bala disparada amb encert va travessar el cap del company que tenia a la dreta, que va caure fulminat a terra com un sac de patates. Aquell senyal ens va fer sortir endavant, tot i que estàvem en clar desavantatge, doncs ells estaven amagats entre l’arbreda i nosaltres estàvem situats en la clariana on havíem instal·lat el campament. Així doncs fins que no vam arribar a la primera línea de bosc vam tenir moltes baixes, però nosaltres seguíem corrents. El primer home que vaig trobar-me va caure a terra amb l’estomac travessat pel meu ganivet i l’home que tenia al costat va caure desmaiat després del cop de culata que li vaig propinar des del seu darrere. En Manel, a pocs metres, s’havia ficat en una lluita cos a cos amb un soldat, vaig anar a ajudar-lo, però el noi va ser capaç de treure’s l’enemic de sobre i donar-li un bon cop de puny. La batalla va ser un verdader caos, els cossos s’amuntegaven entre la bardissa i feien caure els que encara es mantenien de peu, els crits de la gent i el soroll dels trets em ressonaven al cap. Finalment només van quedar tres enemics a batre, que van intentar fugir corrents, però que des de la meva posició vaig poder matar a sang freda des de darrere.
Havia estat una de les batalles mes dures que havia vist mai. Les baixes van ser molt importants, doncs gairebé cinquanta efectius havien caigut, deixant el grup amb només cent soldats. Així va ser com vam decidir marxar cap a Saragossa i anar reclutant soldats pel camí, augmentant així el nombre de milicians a tres-cents. Quan vam arribar a la capital a finals del mes d’Octubre, ens vam trobar una ciutat pobre, plena de soldats i gent passant gana, la majoria dels ciutadans que no s’havien afegit a cap dels dos fronts havien fugit als petits pobles dels voltants, buscant una mica més de pau, doncs la ciutat de Saragossa estava situada relativament a prop d’on començava el territori del front franquista. 

viernes, 3 de febrero de 2012

El soroll de les ànimes perdudes


Aviso: Esta historia esta en catalán :)


- Creus que ens enviaran a Aragó?- em va preguntar en Manel que jeia intranquil a sobre d’una pedra
- És el més segur.- li vaig contestar mirant l’horitzó pensativa.- feia tant poc temps que ens havíem desfet del general Goded que encara no havia assimilat l’important victòria que havíem aconseguit davant els maleïts facciosos.
En Manel va sospirar. Tenia un trau a la galta que no feia molt bona pinta, fins i tot encara li sagnava una mica. La camisa estava tacada de sang y sorra, havia perdut la seva boina y els pantalons se li havien trencat pel genoll, no volia saber com devia anar jo.
- Manel, Laura!.- en Miquel ens cridava des del darrere, suposo que era per dir-nos la nostra propera destinació.- el general ha manat que se os enviï amb el grup de milícies que van a Aragó, sortireu aquesta nit.- li vaig fer un gest afirmatiu amb el cap i va marxar. Jo em vaig aixecar i en Manel em va mirar inquisitiu tapant-se el sol dels ulls amb la mà – serà millor que anem a preparar-nos.
Vam marxar, cadascú a casa seva. Quan vaig estar a la porta vaig agafar una pedra que hi havia al carrer i vaig començar a tirar-la a la finestra del meu germà Joan fins que per fi la va obrir mig endormiscat. Quan em va veure em va somriure i va baixar per obrir-me sense fer gens de soroll. Quan vaig entrar em va abraçar ven fort i em va dir que havia tingut por de que no tornés, jo em vaig riure, i li vaig remoure els cabells negres com el carbó. El meu germà Joan tenia quinze anys, però era amb l’únic que hi podia confiar, en Martí encara era petit i no entenia res del que passava a casa i en Santi sempre estava a favor del que deia el pare, entenia que volgués heretar la seva gran fortuna fos com fos, però aquesta actitud em semblava tan egoista i manipuladora que ja no el podia mirar als ulls sense pensar en tot el que era capaç de fer pels maleïts diners. La mare era l’única persona neutral però mai aixecaria la veu més que el pare, i això jo no ho podia suportar.
Vaig anar a dalt a rentar-me una mica i després vaig anar a la meva habitació on en Joan m’esperava assegut al llit. Em va dir que el pare no tardaria a llevar-se, ja que tenia una reunió important amb els caps de la fàbrica per valorar els danys que havia rebut després de la revolta. Vaig agafar un farcell i hi vaig ficar les coses essencials per a la travessia: una manta gruixuda per les nits al ras, les bales per l’escopeta, un tros de pa embolicat en un drap, la mola per esmolar el punyal que em guardava a la bota i una mica de pastís que em vaig trobar a la cuina. En tornar a dalt em vaig trobar amb la meva mare que em va veure amb el farcell a la mà i em va dirigir un somriure trist.
- Ja tornes a marxar?.- em va preguntar cordant-se be la bata, jo la vaig abraçar amb força i li vaig dir que marxava a Aragó, que no sabia quan tornària.- vaguis on vaguis, sempre t’estaré esperant.
A les deu de la nit en Manel va venir a buscar-me amb la Gertrudis, en Jesús i la Pilar, que havien estat companys en la batalla contra la revolta d’ahir. Vam dirigir-nos cap a Saragossa, on la revolta havia triomfat. Quan ens vam acostar a la frontera després de caminar tot un dia sencer gairebé sense parar, ja érem un grup de gairebé trenta milicians republicans disposats a lluitar amb tot el que teníem, que malauradament era poc. Finalment ens van dir que ens dirigíssim a Barbastro, un poble a prop de la frontera on el general Villalba no havia deixat passar les tropes enemigues i havia estat capaç d’organitzar una mica la situació. Quan vam arribar ens vam trobar amb altres milicians, tots de Catalunya. Mes tard vaig saber que milicians valencians s’havien dirigit cap a Terol per ajudar als republicans.
Ens vam reunir amb el general Villalba a la matinada del dia 21 de Juliol per organitzar una partida cap a Osca, que estava dominada per els generals sollevats. Érem gairebé cent republicans de no mes de vint anys comandats per un general sense massa experiència, però teníem uns ideals, una meta per aconseguir i ni tan sols les bales eren capaces d’aturar el nostre esperit. Així va ser com vam començar a avançar cap a Osca. Pel camí anàvem fent petites batalles en els pobles que havien caigut en mans dels enemics, cada cop érem més, ningú ens podia aturar, en els pobles petits ens anomenaven “la marea roja”, nosaltres estàvem orgullosos d’aquella insígnia.

Ángel de la noche I


Perdida por la oscuridad vagaba una chica de pelo castaño y mirada extraviada. Según los espíritus de la noche, se llamaba Laura y había ido a parar allí buscando los trocitos de alma que otros se habían encargado de romper, también se contaba que sus ojos habían perdido su color, que lo único que quedaba de ellos eran mareas de odio y rabia contenida. Poco a poco hasta los espíritus más antiguos de la región empezaron a temerle, su aura se había convertido en la más oscura de todos ellos, a veces, muchos pensaban que ella no quería salir de allí, aquello eran sus dominios, se había convertido en la reina de la oscuridad.
Se hacía llamar Ángel de la noche, y aunque muchos querían servirla, ella viajaba de por libre entre sus terrenos. Toda alma que allí entraba se acababa encontrando con ella, pero nadie, jamás supo ver más allá de sus ojos llenos de odio, su aura oscura y sus palabras enrevesadas, llenas de símiles y muerte.  Sin embargo ella, salía a buscar su alma perdida y lloraba lágrimas negras, lloraba por sus recuerdos, por su vida perdida, por todo lo que hubiese podido ser  de ella y jamás será, por todo lo que había decidido dejar atrás al convertirse en ángel.
Y es que sí, a Laura le habían salido alas, un par de oscuras y negras alas que le habían crecido en la espalda en uno de sus viajes. Había sido una jornada muy larga, ya llevaba bastantes meses vagando por la oscuridad, pero aún le quedaban recovecos sin explorar, donde quizás estuviera escondida alguna parte de su alma. Uno de esos lugares eran las estepas demoníacas. Se decía que allí vivían los espíritus que más habían sufrido, aquellos que la vida les había pateado por todos lados. Laura llegó allí confiada en que parte de su alma debía estar por ese reino, así que se adentro en él sin dudarlo.
Quizá estaba predestinada a encontrarse con ella, pero muchos piensan que si no hubiese ido a las estepas, jamás se la hubiese encontrado, otros decían que lo que estaba buscando no era su alma, sino a ella. La muerte, fue quien la recibió con los brazos abiertos, la convirtió en su discípula, y eso que ella solo escogía un aprendiz cada milenio, pero Laura tenía todas las cualidades para aprender las viejas artes de la oscuridad. Así fue como se sometió a largos recorridos por sus recuerdos, se enfrentó a sus miedos más profundos, vivió en sus carnes la desesperación más pura, aprendió a controlar sus emociones, a no experimentar sentimiento alguno, a alimentarse del dolor y el odio que recorrían sus venas. Cuando se marchó la muerte estaba tan orgullosa de ella que le concedió el privilegio de convertirse en un nuevo ángel negro.
Largas conversaciones tenía Laura con la muerte, hablaban y hablaban sobre la crueldad, sobre la vida, sobre el pasado, el presente y el futuro, hasta que un día Laura le preguntó a su maestra como había llegado a convertirse en la mismísima muerte. Ella se alteró y se removió en su sillón, aunque los mortales no pudieran verla, la chica veía a la muerte tal y como era, una mujer de largos cabellos negros y tez pálida, grandes ojos rojos, en su piel no se apreciaba ningún tipo de marca, parecía más bien una superficie marmórea, sin vida. La muerte en aquel momento le recordaba más humana que una diosa de la destrucción y la desgracia. Laura se levantó y se fue para jamás volver, comprendió en aquel momento que la muerte se hacía vieja, que empezaba a recobrar aquella sensibilidad que con tanto esfuerzo había aprendido a olvidar, la muerte se estaba permitiendo volver a recordad la vida que una vez tuvo.
Des de entonces no se volvieron a ver, y Laura volvió a su antigua tarea, siguió buscando su alma por todo el reino, pero jamás la encontró. A veces sentía que la observaban des de lejos, que alguien la vigilaba, pero cada vez que notaba aquella presencia extraña sacudía la cabeza aturdida y continuaba volando. Sabía, que más allá, en el mundo real la Laura humana seguía viva, pues se sentía incompleta, sin embargo, cada día que pasaba sabia que la Laura que estaba por el mundo de arriba se iba rindiendo poco a poco, y que no tardaría en dejarse llevar completamente por su lado más oscuro y escondido de su corazón, es decir el ángel de la noche.